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sábado, 16 de abril de 2011

Una princesa lejos de su cuento de hadas.

La princesa cansada de esperar a que su príncipe azul llegara decidió buscarlo ella misma, escapó de su cuento de hadas, de su mundo de fantasía, uno de papel y tinta.
Buscó en el país de las maravillas, en Nunca Jamás, en todos los lugares que le venían a la mente, pero nada, lo único que conseguía era cansarse aún más. Las piernas ya le flaqueaban pero no se rendía tan fácilmente, ella no era una de esas princesitas que se sentaban a esperar en su castillo de cristal, no, a ella no le importaba despojarse de su vestido, ni de sus zapatos de cristal. Agotada decidió descansar cerca de una fuente, se sentó en un banco que ya estaba ocupado por otra persona, a éste no pareció importarle que ella se sentara en el mismo banco. Desesperada lanzó un grito a los cuatro vientos:
+¿Porqué no puedo encontrarte mi príncipe azul?
El chico que había a su lado se giró y sus ojos se iluminaron.
-Mi dulce princesa por fin te encuentro.
Ella al escuchar eso se dio media vuelta y lo miró a los ojos y una sonrisa salió de su carita de porcelana.
+¿Por qué has tardado tanto en dejarte encontrar?
-Se supone que soy yo quien te debe encontrar y no al contrario.
+Yo no soy una princesa como todas las demás, yo soy...  -comenzó
-una princesa lejos de su cuento de hadas -finalizó él.

martes, 12 de abril de 2011

Mi pequeña estrella.

Esta noche mirando al cielo, encontré una estrella, era la más hermosa que había visto nunca, pero desapareció en un abrir y cerrar de ojos, había perdido lo más bonito que uno podía encontrar. Es imposible retener una estrella y aún más imposible poder guardarla para siempre en una cajita.

Cansada de vagar sin rumbo fijo acabé llegando a un pequeño trocito de playa en mitad de la nada, las olas intentaban saltar el rompeolas, pero todo esfuerzo era nulo, siempre se repetía el mismo final, por mucho que intentaban superar ese obstáculo, algunas se escapaban entre las grietas de las rocas llegando a la orilla y en un último suspiro desaparecían. La arena se colaba entre los dedos de mis pies, decidí echarme sobre la arena y ahí me quedé un buen rato observando la inmensidad del mar. La noche caía y el cielo terminaba de plagarse de estrellas, pero ninguna de ellas era tan bella como la mía. Un brillo azulado cruzó el cielo precipitándose hacia el mar, corriendo me adentré en su profundidad buscando aquello que ansiaba encontrar, a lo lejos un débil destello se consumía lento, muy lento, una sensación de angustia se apoderó de mi cuerpo y mente, aceleré el ritmo, y allí sobre una fría e inerte roca se encontraba mi estrella, mi pequeña estrella.

La tomé entre mis manos llevándola a la orilla, cada vez la notaba más fría, su luz, su calor, amenazaban con desaparecer, nada más pisar la playa me acerqué a un pequeño fuego que antes había fabricado, el crepitar de las llamas y el murmullo del mar nos acompañaban, sentía que la perdía, una lágrima bajó por mi mejilla cayendo sobre mi querida estrella, por un momento pensé que la había recuperado, el débil brillo empezó a crecer y crecer, hasta que recuperó todo su poder, toda su esencia, quería quedarse junto a mí y yo tenerla para siempre.