English cv French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

Seguidores

miércoles, 29 de junio de 2011

Coleccionaba sonrisas en frascos de mermelada.

Blanca era una joven muy animada, yo diría que demasiado, siempre estaba correteando de un lado para otro, saltando y sonriendo, no era de esas personas que se cortan fácilmente, no, todo lo contrario.
Siempre llevaba la cámara de fotos que le regalaron dos años atrás por su cumpleaños, solía irse al parque y allí en el césped tumbarse bajo el sol y observar las formas de las nubes.
Todos los que la conocían no podían evitar soltar una sonrisa cuando pensaban o hablaban sobre ella.

Blanca adoraba la mermelada de frambuesa y, cuando ésta se agotaba recogía el tarro y lo llevaba a su cuarto. Tenía una repisa llena de ellos, pero lo que más llamaba la atención de eso, era que estaban llenos, llenos de trozos de papel enrollados, eran fotos, fotos de sonrisas, de todo tipo, unas más dulces, otras más traviesas, las había tímidas y provocadoras, de carmín o chocolate, algunas melladas, pero todas y cada una de ellas era diferentes, especiales, y lo mejor de todo era que siempre tenía a mano su cámara para sacarlas, cuando había rellenado el carrete corría a revelarlas y luego las guardaba como un tesoro y cuando estaba triste, las sacaba y las miraba una a una hasta que volvía a recuperarla.
Cuando alguien le preguntaba que por qué fotografiaba sonrisas ella contestaba siempre lo mismo, porque lo más valioso de una persona es su sonrisa, y quiero recordar a cada persona con lo mejor que tiene.

martes, 28 de junio de 2011

Grullas de Papel.

Paula era una niña especialmente soñadora, podía pasarse horas frente a la ventana imaginando que volaba sobre el cielo azul a lomos de su grulla, la que había hecho con tanta dulzura y cuidado.
De pequeña su abuelo le enseñó a hacerlas, al principio no podía, era un poco torpe con las manos, especialmente cuando eran trabajos manuales, pero se empeñó en aprender, quería hacerla como fuera, pasó varios días intentándolo, su abuelo le daba unos pequeños consejos.

-El truco está en relajarse, hacer que éste inerte trozo de papel se convierta en una parte de ti, deja que fluya suavemente entre tus dedos.
+No puedo es muy difícil para mí, soy una inútil, no consigo hacer nada bien.
-Relájate y todo saldrá solo.
Sujetó el delgado folio entre sus pequeñas manos, y se imaginó a su preciosa grulla, la más hermosa y delicada de todas, empezó a doblar unos pliegues, dando forma a la silueta, pero le costaba mantener la concentración, su abuelo viendo el esfuerzo de ella, agarró sus frágiles manos de porcelana, ella dedicó una amplia sonrisa a su querido abuelo que la miraba con ternura, los dos juntos siguieron fabricando sus sueños hasta que, por fin, Paula tuvo entre sus manos la grulla, era de coloridos tonos, parecía real, lo único que fallaba era el tamaño, pero era perfecta.
+Muchas gracias abuelito, sin tu ayuda no habría sido capaz de terminarla- dijo Paula mientras esbozaba una gran sonrisa.
Su abuelo no dijo nada, tan solo la miraba y asentía a la vez que sonreía, las arrugas de sus ojos se marcaban aún más, pero no le importaba, era feliz.
Todas las noches cuando Paula se iba a la cama, llevaba la grulla y la dejaba sobre la mesita de noche, pasaron varias semanas y una mañana de enero, su querido abuelo murió. Paula lloraba desconsoladamente, y se aferraba a su grulla, era el último recuerdo que tenía de él, y lo abrazaba con fuerza. Esa noche Paula no podía dormir, se acurrucó junto a la ventana y miraba el cielo estrellado, se imaginó que volaba sobre su grulla junto a su abuelo, que la miraba sonriente mientras viajaban bajo la luz de la luna y acabó durmiéndose con una pequeña gran sonrisa en su pequeña gran carita de niña.