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martes, 25 de noviembre de 2014

Balada de media noche. (Contra la violencia de género.)


Silencio.
Como la calma
que precede a la tormenta.

Penetrante y perturbador,
como la chispa
que enciende la llama.

Carcelero,
de peligrosos secretos.

Las calles,
ausentes de vida
presagian aquello
que está a punto de pasar.

Sin tiempo a reaccionar
la oscuridad
se apodera de mí,
sombra lúgubre,
que cumple condena,
vago en pena

por puentes y callejas,
contando mi historia,
aunque mi voz ya no pueda…

Y dice así mi leyenda:

El primer día de mi nueva vida
era perfecto,
estaba recién casada con el hombre
más maravilloso del mundo,

detallista, cariñoso, amable,
fiel…
no había nadie mejor que él.

Mas poco a poco
la expresión de su mirada
se fue difuminando.

Todo rastro de quien había sido
desapareció.
(Y yo con él.)

Sus palabras afiladas,
puntiagudas como cuchillos
se clavaban en mi cabeza,

pero eso no era nada
comparado con sus manos,

salvajes
se cernían a mi cuerpo,
a mi cuello como garras
que amenazaban
con hacer jirones mi piel
y desgarrarme por dentro.

Aún recuerdo
su primer “beso”
palpitante en mi cara,

su primera “caricia”
con manos de seda cristalina,

su primer “te quiero”
con sabor a metal.

Me juraba amor eterno,
que no era él,
que la noche lo confundía
y lo envolvía
con su negra sombra

que no volvería
a tocarme jamás
y yo,
pobre ilusa,
lo creía…

El miedo
se convirtió en el alcalde
de mi ciudad de hielo

ciudad arrasada por el fuego

que perdida se rindió
a los pies
de quien la llama prendió.

Y así acaba
mi memoria, aquella
que aún recuerda
a la chica
que nadie escuchaba

cuando en silencio pedía a gritos
la mano que la salvara
de la bestia
a la que tanto amaba.

El amor la había cegado
el temor, enmudecido
pues no tuvo valor
de apuntar a su agresor,
con el dedo acusador.

Nadie la escuchaba
cuando en silencio gritaba…

Lágrimas de sangre
descendían por las mejillas
del cuerpo frágil y sin vida
de la chica a quien nadie escuchaba

cuando en silencio
a gritos callaba.

Y hoy te digo, a ti que escuchas
la voz silenciada de un maltrato, que

el amor nos ciega el alma y
el temor, la razón

escucha mis palabras
en el fondo de tu corazón

que nadie sea el verdugo
que ponga el punto y final
de tu historia
sin acabar.

                             Azahara L.


Hoy, día internacional contra la violencia de género, he escrito esto para homenajear a todas aquellas personas que fueron, son y, por desgracia, serán víctimas de ella. 
Me gustaría que todo aquel que lo leyera, intentara meterse tan solo un instante en la piel de cada una de estas personas, un segundo en su mente, en su cuerpo y los sintieran en el suyo.
No echemos la vista hacia otro lado, cuando somos conscientes, testigos de algo tan sumamente cruel y vejatorio hacía una persona, ya sea mujer u hombre.
El mundo necesita un cambio, pero para ello primero necesitamos cambiarnos a nosotros mismos, nuestro pensamiento.

Pero especialmente, como un pequeño homenaje a aquellas personas que, víctimas de la violencia de género, tuvieron el coraje y la fortaleza de seguir adelante pese a todo, que no se rindieron ante nada ni nadie.

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